¿Es Miedo o Amor? Tu cuerpo lo revela

Mujeres, necesitamos redefinir el Amor.

Es muy impactante leer historias de violencia domestica en donde la mujer piensa que debe permanecer con su agresor porque “lo ama”.  No tengo duda de que necesitamos una nueva y rediseñada definición del amor.

En la necesidad de amor, se acepta de todo menos amor.

Muchas mujeres desconocen su naturaleza pura en amor incondicional. Eso las lleva a buscar el amor afuera y aceptar de todo menos amor. Hablo desde la experiencia, ya que en poca o gran escala a todas nos ha tocado aceptar cosas que no son amor. Posiblemente gracias a las novelas y cuentos de princesas nos pensamos que amar solo es posible teniendo una pareja y que la misión es encontrar tu otra mitad, de lo contrario no estás completa y no experimentas el amor en tu vida.

Experimentar una relación de pareja es solo una de las manifestaciones del amor. Hay otras formas de sentir amor que pueden ser muy gratificantes. La experiencia amorosa no se circunscribe únicamente a las relaciones con otras personas, sino también por ejemplo, a través de los propósitos de vida que adquirimos. Por eso, cuando se cree en una causa o se persigue algo que realmente llena, esto puede ser también una manifestación del amor.

Más allá del amor de pareja, existe el amor propio, el amor al trabajo, el amor a la familia, el amor a la vida misma. Creo que estas últimas manifestaciones del amor, se deben experimentar primero, para que haya plenitud personal y entonces esté uno lista para complementar esa plenitud con otra persona.  Pero nos enseñan al revés, que debemos primero buscar el amor de pareja, para entonces sentirnos plenas y vivir el amor en familia, trabajar y entonces si hay tiempo pues dedicarnos a nosotras y a experimentar la vida misma.

¿Es amor, o es miedo? Tu cuerpo te lo dice.

Las investigaciones en neurociencia lo confirman. Cuando se siente amor, se relaja nuestro sistema más antiguo de supervivencia.

Diversos estudios han demostrado que el amor relaja la amígdala cerebral, ayudando a tomar decisiones con más calma y fortaleza. La amígdala cerebral es la zona del cerebro con más años de evolución. Es el lugar en el que se procesan las emociones básicas. En esta glándula, están codificadas partes de las respuestas más elementales ante el peligro: la huida, el ataque o el bloqueo.

Cuando la amígdala cerebral esta relajada, no hay porque atacar, no hay porque huir, no hay porque pelear ni sentirse amenazado. Cuando una persona, en este caso el agresor se siente amenazado entonces cela, maltrata, acorrala. Esto no es amor. Cuando una persona, en este caso la victima tiene miedo, en este caso miedo a perder el amor, entonces acepta maltrato.  Ninguno de los protagonistas está actuando desde amor.

El cuerpo humano tiene dos patrones esenciales de respuesta y cada uno de ellos está regido por hormonas y transmisores bioquímicos que los define y los distinguen.

Uno de estos patrones se produce cuando el cerebro percibe un peligro o amenaza y pone en marcha lo que se denomina la reacción de “lucha o huida” (atacar o escapar), el otro es la calma, la relajación y los estados de placidez y se experimenta cuando está presente la oxitocina, conocida como la hormona del amor.

Cuando la respuesta de peligro o amenaza se pone en marcha, eso desencadena una función de alarma que produce distintas reacciones corporales, como el aumento de la tensión arterial, la intensificación del metabolismo celular o un flujo mayor de sangre hacia los músculos de las extremidades que capacitan para la acción. Esta reacción en cadena está mediada por el sistema nervioso vegetativo simpático y las hormonas de la corteza suprarrenal: adrenalina, noradrenalina, cortisol. Se trata de un estado de contracción. La energía se focaliza en el ataque o la huida, con lo que el organismo permanece en alerta máxima. Es una reacción circunstancial ante un estímulo real acotado en el tiempo.

El otro patron de respuesta es cuando el mecanismo del amor se pone el marcha, y se da por diferentes hormonas (oxitocina, endorfinas, dopamina, serotonina) y se modula a través del sistema nervioso vegetativo parasimpático. Este mecanismo es el que debería constituir la base, la forma de estar y sentir en la vida cotidiana. Este estado, que se podría llamar de respuesta biológica positiva, se puede inducir y potenciar mediante la respiración consciente, mensajes desde la corteza cerebral, la compasión, y las relaciones saludables.

Se dice que estas respuestas se pueden identificar observando el estado de la saliva. El estado de alarma, se acompaña de boca seca y saliva espesa y amarga. El estado de placidez, por la boca húmeda y una saliva transparente.

 Cuando hay amor, químicamente hay calma.

 En los años 90, un grupo de investigadores, liderado por la antropóloga Helen Fischer, analizó la ciencia que se esconde tras el deseo y el amor. Para hacer la investigación, dividieron el concepto del amor en: deseo, atracción y apego, siendo el apego lo que conocemos como amor verdadero. Descubrieron que el deseo se alimenta por las ansias de satisfacción sexual y que libera hormonas como la testosterona y los estrógenos, incrementando la libido de las personas.

Segun el estudio, la atracción, consiste en un tipo de encaprichamiento más de tipo mental que va más allá del sexo. En esos momentos se liberan neurotransmisores como la dopamina y la norepinefrina (las mismas relacionadas a la respuesta de amenaza), la cual se puede generar sentimientos de excitación que se puede confundir con alegría, pero también genera la pérdida de apetito y de sueño.

Mientras que, según este estudio, en el apego (amor)  se liberan hormonas como la oxitocina y la vasopresina. Las cuales pueden provocar sentimientos de bienestar, plenitud y generan el buen descanso, el sueño y el apetito. Son las emociones que experimenta el bebé por su mamá.

Me pregunto cuantas mujeres allá afuera estarán en una relación tóxica de pareja, teniendo una definición errónea del amor y tratando de llenar un vacío de amor. Sin darse cuenta que tienen la posibilidad de experimentar el amor en muchas otras facetas de su vida. Y sin poder reconocer las señales que les da su cuerpo.

Cuando te duele menstruar, cuando te duele el cuerpo, cuando tienes dolor en el cuello, cuando no duermes bien, cuando no tienes ganas de ser tú, cuando te sientes triste y no identificas porqué, cuando no estás disfrutando de tu sexualidad, es tiempo de mirar la relación en que estás.

No ignores las señales.  Te invito a conocer tu cuerpo, te invito a conectar con tus emociones, te invito a reconocer que eres amor incondicional. Cuando reconoces de qué estás hecha, cuál es tu potencial como mujer, y pones en práctica tu grandeza, entonces es muy poco probable que aceptes actos de violencia en tu contra.

Como naturópata licenciada ayudo a mujeres a recuperar su salud hormonal, metabólica  y ginecológica de forma natural y holística.


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